8 sept. 2016

La poesía nos hace más humanos

“Poetas, no perdamos el tiempo, trabajemos,
que al corazón le llega poca sangre.”
(Gloria Fuertes)

Misteriosa poesía, beben sus labios autores cuyas obras nos hacen más humanos y superan olvidos: “La sombra de mi alma/ huye por un ocaso de alfabetos,/ niebla de libros/ y palabras.” (F. García Lorca)

Bendita locura tienen los poetas: vivir entre palabras en silencio, cultivar belleza fugaz: “Hoy son las manos la memoria./ El alma no se acuerda, está dolida/ de tanto recordar./ Pero en las manos/ queda el recuerdo de lo que han tenido.” (P. Salinas)

Lazarillos de luces y sombras, engarzan cuerpos ardientes con fría soledad: “Iluminando este existir oscuro y apartado/ con el amor, única luz del mundo.” (L. Cernuda)

Siempre para descubrir: “¿Yo escojo? Yo recojo/ la verdad impaciente,/ esa verdad que espera a mi palabra.” (J. Guillén)

Verificar pruebas: “Dicen que soy un ángel/ y, peldaño a peldaño,/ para alcanzar la luz/ tengo que usar las piernas.” (M. Altolaguirre)

Pedir a Dios: “Dame ojos que penetren tras lo gris/ la verdad de las almas,/ la hermosa desnudez de tu imagen:/ el hombre.” (D. Alonso)

Poder afirmar: “Murió en mitad de un verso,/ cantándolo, floreciéndole,/ y quedó el verso abierto, disponible/ para la eternidad...” (G. Diego)

Cenicienta literaria, poesía donde los niños crecen: “Cielo, tierra, sol, piedra,/ igual que presentí de niño/ que iba a ser la verdad bajo lo eterno.” (E. Prados)

Versos desnudos abren valiosos caminos: “Entra en el hervor, en la plaza./ Entra en el torrente que te reclama y allí sé tú mismo.” (V. Aleixandre)

Poeta, corazón autodidacta, conciencia que nada consigue romper: “Tu risa me hace libre,/ me pone alas./ Soledades me quita,/ cárcel me arranca.” (M. Hernández)

Marineros de níveas melenas dormidos mar adentro: “En sueños la marejada/ me tira del corazón;/ se lo quisiera llevar.” (R. Alberti)

Poemas escritos sin engaños, una por una conmueven sus metáforas: “Yo soy profesor de la vida,/ vago estudiante de la muerte/ y si lo que sé no les sirve/ no he dicho nada, sino todo.” (P. Neruda)

Voces puras conducen a cosas sencillas, ejemplos necesarios en la vorágine poética contemporánea: “Los ojos/ se cierran./ Las palabras se abren.” (O. Paz)

15 mar. 2016

Blas de Otero, fieramente poeta

“Yo doy todos mis versos por un hombre en paz.”
(Blas de Otero)

Recordamos a Blas de Otero, fraternal poeta que sufre la Guerra Civil Española, represión y censura franquistas, muere con ansias de libertad: “Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,/ al borde del abismo estoy clamando/ a Dios. Y su silencio, retumbando,/ ahoga mi voz en el vacío inerte./ Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte/ despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo/ oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando/ solo. Arañando sombras para verte./ Alzo la mano, y tú me la cercenas./ Abro los ojos: me los sajas vivos./ Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas./ Esto es ser hombre: horror a manos llenas./ Ser -y no ser- eternos, fugitivos./ ¡Ángel con grandes alas de cadenas!”

Blas de Otero Muñoz (Bilbao, 1916-Majadahonda, Madrid, 1979), difunde sus vivencias en valiosos libros: Ángel fieramente humano (1950) y Redoble de conciencia (Premio Boscán de Poesía, 1950), ampliados en Ancia (Premio de la Crítica 1958 y Premio Fastenrath de la RAE 1962), donde suma 36 poemas inéditos: “Un mundo como un árbol desgajado,/ una generación desarraigada,/ unos hombres sin más destino que/ apuntalar las ruinas.”

Ante la quiebra del negocio familiar, sus padres buscan mejoras en Madrid. Al fallecer su hermano mayor (1929) y también su padre (1931), Blas tiene 15 años y buscará sustento para su madre y dos hermanas. Realiza diferentes oficios en Bilbao y León, incluso minero: “Nada es tan necesario al hombre como un par de lágrimas/ a punto de caer en la desesperación.”

Licenciado en Derecho (Valladolid), asiste a cursos de Filosofía y Letras (Madrid). Termina la guerra y trabaja como abogado en una empresa metalúrgica. En 1945 sufre crisis depresivas y lo tratan en el sanatorio de Usúrbil. Auto-exilio en París. Invitado por la Sociedad Internacional de Escritores, viaja por Rusia y China. Sus poemas siguen las tendencias existencialistas de la literatura europea tras la Segunda Guerra Mundial: “...voy sobre Europa/ como en la proa de un barco desmantelado/ que hace sangre, voy/ mirando, algunas veces,/ al cielo/ bajo,/ que refleja/ la luz de la sangre roja derramada.”

En 1964 se traslada a Cuba y le otorgan el “Premio Casa de las Américas”. Allí conoce a Yolanda Pina, se casan y residen en La Habana tres años. En 1967 se divorcian y Blas de Otero vuelve a Madrid. Espera su amor necesario con Sabina de la Cruz. Publica nuevas obras, Pido la paz y la palabra (1955), En castellano (1959) y Que trata de España (1964): trilogía de marcado carácter social. Luego crecen Historias fingidas y verdaderas (Prosa, 1970).

Final de viaje, nostalgia, serenidad, libros inéditos (Hojas de Madrid y La galerna), recados amorosos a su fiel compañera: “Entre enfermedades y catástrofes/ así te encuentro en mitad de la muerte/ vestida de violeta y pájaro entrevisto/ con tu distraído pie/ descendiendo las gradas de mis versos.”


27 feb. 2016

Miguel de Cervantes, quimeras encendidas en La Mancha

“... los niños la manosean, los mozos la leen,
los hombres la entienden y los viejos la celebran.”
(Don Quijote. 2ª parte, 3)


Para sentir el corazón de su monumento literario, Cervantes nombra los cuatro periodos que la vida tiene. Hoy despiertan recuerdos infantiles, ante dos libros situados junto a Premios Nobel y la Biblia. Tomos enormes con letras diminutas: confortaba poder acariciarlos, ver dibujos misteriosos, figuras de tiempos lejanos, quimeras encendidas en La Mancha.


Miguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares, 1547−Madrid, 1616), herido durante la batalla de Lepanto, cautivo de piratas en Argel, autor de comedias, entremeses, novelas ejemplares, duda ser poeta (“la gracia que no quiso darme el cielo”), pero sabe distinguir entre dignos maestros (cultistas o conceptistas) y mediocres vanidosos, expulsados del Parnaso: “...piensan ser los llamados escogidos,/ todos a premios de grandeza aspiran,/ tiénense en más de lo que son tenidos.”
“Príncipe de los Ingenios”, cuesta pensar ese triste galardón: injustos años de cárcel, soñar despierto palabras inocentes, cultura de gigantes y molinos. Cervantes −como Shakespeare− valora poetas grecolatinos y conoce sus obras: Homero (Ilíada y Odisea), Virgilio (Eneida). También admira novelas picarescas españolas: La Celestina (Fernando de Rojas) y Lazarillo de Tormes (Anónimo).

Cerca del último tramo cervantino, siempre con más libros que lugar donde ponerlos, aún quedan cosas necesarias por buscar y comprender. Sobre literatura, compartir secretos: las primeras lecturas fueron relatos, divertidas historias ocurridas en pueblos, iglesias o palacios. La poesía llegó después.

Al conmemorar el IV Centenario de su muerte, lo más importante son las obras, repasar comedias (Los tratos de Argel, La casa de los celos, El laberinto de amor), entremeses (La cárcel de Sevilla, El hospital de los leprosos, El retablo de las maravillas), novelas cortas (Rinconete y Cortadillo, El licenciado vidriera, La gitanilla, El coloquio de los perros), poesía (Viaje del Parnaso).

Abrir el corazón para sentir admirables locuras, maravillosos amores, acertados refranes, caminos de libertad inmortalizados en Don Quijote de La Mancha, la mejor y más traducida novela del mundo.

 Don Quixote - Gustave Doré


26 ene. 2016

Sonetos de William Shakespeare

“Una sola palabra es la que nos libera
de todo el peso de vivir y por toda la vida.
Esa palabra es amor.”

(W. Shakespeare)


Los sonetos de Shakespeare no siguen la técnica del maestro Petrarca, cuyas influencias reconoce por afinidad romántica; ni se parecen a los españoles, gloria de Garcilaso: 14 versos endecasílabos de rima consonante, divididos en 2 cuartetos y 2 tercetos (ABBA ABBA CDC DCD).

El soneto en inglés isabelino lleva tres serventesios (rimas cruzadas) y un pareado final: 16 versos decasílabos agudos (pentámetros yámbicos) de rima consonante (ABAB CDCD EFEF GG). Entre los 154 de Shakespeare, hay 3 excepciones: el 99 tiene 15 versos (primera estrofa de 5, rima ABABA), el 126 son 6 pareados (12 versos) y el 145 es con versos octosílabos (arte menor).

William Shakespeare (Stratford, 1564-1616), autor de tragedias, comedias y dramas históricos, actor, empresario teatral, escribe sonetos apasionados que difunde solo para sus amigos y mecenas. Thomas Thorpe (poeta, editor y admirador) decide publicarlos en 1609, con dedicatoria secreta: “A la única persona a quien se deben los siguientes sonetos, el señor W.H., toda la felicidad y aquella eternidad prometida por nuestro inmortal poeta, le desea el que con sincera voluntad se aventura a publicarlos. T.T.

La cegadora luz del misterioso bardo supera límites, pasadas y futuras percepciones: no sabemos el significado de las siglas W.H., ni la identidad del joven amigo, ni de la dama oscura, ni del poeta rival. Shakespeare juega con imágenes y metáforas, ambiguas expresiones inglesas, fuentes donde fluyen platonismo y sensualidad (amor, celos, ausencia), conectados a puros ideales.

Realidad o ficción, 126 sonetos van dirigidos al joven, 26 a la dama oscura (casada que mantiene con ambos relaciones íntimas) y 2 recrean mitos griegos. Pide al joven casarse, procrear, legar su divina belleza. Herido “Cisne de Avon”, lamenta ser hombre y no mujer, abrazar en público el amor verdadero: les rodean sombras, el bien sirviendo al mal y la censura del talento. Quiere morir, pero resiste para no dejar solo a su amigo del alma.

Desde la primera traducción en prosa de Luis Astrana Marín (Obras Completas de W.S. 1929), los célebres sonetos han inspirado múltiples aproximaciones, “locuras” con versos rimados y blancos de 11 a 14 sílabas. Jorge Luis Borges (gran sonetista) afirmaba que nunca se podrían descifrar.

Shakespeare conocía miserias y grandezas humanas: la vida es materia de sus inmortales obras. Recordamos el soneto 23 (uno de los más bellos), en la versión clásica de Carlos Domingo: “Como imperfecto actor en una escena/ a quien el miedo del papel aparta/ o como fiera cosa de ira llena/ cuya pujanza su poder descarta,/ así por falta de confianza omito/ el rito que al amante es adecuado/ y de mi amor la fuerza debilito/ por su propio vigor sobrecargado./ Tenga entonces mi escrito la elocuencia/ y de mi pecho mensajero mudo/ por mi amor y mi premio dé su lucha./ Percibe en él lo que mi voz silencia/ y que mi lengua pronunciar no pudo./ El amor sabio con la vista escucha.


24 dic. 2015

Los nombres y los días (XIII Premio Nacional de Poesía “Ciega de Manzanares”)

“Un hombre allí pinta los datos en las losas. 
Sólo pinta esto, los nombres y los días.”
Esperanza López Parada


Entre 11 libros finalistas, el jurado del Premio Nacional de Poesía “Ciega de Manzanares”, tuvo difícil resolver la XIII convocatoria que patrocina su Ayuntamiento (2000 euros y publicación). El presidente, Antonio Hernández (Premio Nacional de Poesía y Nacional de la Crítica 2014), junto a los tres vocales, Antonio García de Dionisio, Teo Serna y Manuel Laespada (todos del grupo “Azuer”), por mayoría eligieron ganador el titulado “Los nombres y los días”, original de Darío Frías Paredes.

Darío Frías (Tudela, Navarra, 1975) ejerce como Maestro de Educación Primaria. Realizó cursos de Filología Hispánica y Filosofía Pura en la Universidad de Zaragoza. Lleva tres años de fortuna literaria, con 6 libros y 6 premios: “Las afueras del tiempo” (2013), Iparragirre Saria (Gipuzkoa), modalidad poesía en castellano; “La dimensión de lo invisible” (2014), Divendres Culturals (Cerdanyola del Vallès), modalidad castellano; “Volverse sombra” (2015), Alfons el Magnanim (Valencia), poesía en castellano; “En la región de Escitia” (2015), Nacional de poesía “Nicolás del Hierro” (Piedrabuena); “Los nombres y los días”, “Ciega de Manzanares” (Huerga&Fierro. Madrid, 2015); y “Apuntes de invierno”, Nacional de poesía “Blas de Otero” 2015, (recién otorgado en Majadahonda, Madrid).

Darío Frías intenta contradecir la distinción que hacía Antonio Machado entre “voces y ecos”: quiere “confundirlos y que el lector no sepa dónde empiezan las voces y dónde los ecos.” Escribe poemas cuyos versos avanzan silenciosos y conducen al final de la vida. Sienten pasión y presienten ausencias, soledad, espejismos... Hacen preguntas que cuesta demasiado responder. Así comienza su valiosa reflexión a 5 voces (John Milton, Allan Poe, Hölderlin, Wittgenstein y Al-Ramadi) sobre la muerte: “Cansado de velar/ la delicada red de tantas sombras,/ vuelvo la mirada hacia otro lado/ y escribo.” (p11)

“Los nombres y los días” incluye 56 poemas (más proemio y coda) en 5 partes. La primera, 9 cantos en voz de John Milton. Le dicta sus últimos versos a Elizabeth Minshull, compuestos mentalmente la noche anterior (Londrés, 1674): “Qué quietud sería ahora/ escuchar el tacto de la tierra/ y esperar que una mano muy blanca nos borrase/ la arena de los labios.” (p18)

Siguen 13 misteriosos pensamientos de Allan Poe, mientras acompaña el cortejo fúnebre de Virginia Clemm (Nueva York, 1847): “Existes porque aún puedo tocar/ el silencio que fuimos.” (p38)

Hölderlin (13 poemas) declara sus ensoñaciones al Jefe del Servicio (Clínica Psiquiátrica de Tubinga, 1847): “Deja la desnudez,/ entre las flores/ sus párpados/ abiertos./ La eternidad es breve/ como un anillo/ de agua.” (p55)

Intuyendo la cercanía de su muerte, Wittgenstein (8 poemas) trabaja con Elizabeth Anscombe en el manuscrito del ensayo “Sobre la certeza”: “Fuiste todo/ el silencio/ que unas manos sin sombra/ pueden llegar/ a rozar.” (p64)

La quinta voz descubre una mirada sensual: el amor platónico que Al-Ramadi (13 poemas) sentía por la esclava Jalwa. Este poeta sufrió presidio en Medina Zahara, fue desterrado de Córdoba y volvió para ser condenado a vivir en silencio (año 970): “Voces que os unís/ como pájaros ciegos/ a la noche,/ velad conmigo/ el nombre del origen./ Las heridas,/ la niebla,/ la luz abandonada.” (p73)

Darío Frías Paredes atesora palabras esenciales (poesía desnuda), pero las deja libres volar en la noche, sin temor a los vientos del olvido: “Lo que existe y lo que no existe/ son ya la misma cosa:/ un puñado de signos, una voz/ crucificada.” (p89)

Remito felicitaciones al poeta navarro y saludos a los amigos que cuidan bien la cultura de Manzanares.